HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE. Padres e hijos abordan la confianza recíproca en sus relaciones

Fue un experimento. Parece que exitoso por lo que nos relatan desde ambos lados de la barrera. Los alumnos de 1º BAC acudieron a una cena preparada por sus padres varones (la ausencia de las madres no es casual, y más cuando a ellas les pareció fenomenal la iniciativa) en lo que debía de ser un rato divertido y de diálogo. El tema puesto encima de la mesa, la confianza entre padres varones e hijos, ofrecía múltiples y variados campos que merecía la pena tratar en un ambiente distendido.

Los padres, una vez más, dieron el do de pecho en los fogones del Club de Padres. Y es que no faltan «cocinillas» entre sus representantes, empezando por el gran mastercheff Rafael Moledo, seguido muy de cerca por pinches de experiencia y dotes ampliamente consagradas.

Y los alumnos también demostraron su valer, al acometer las siempre agotadoras tareas de limpieza y servicio del menaje. O sea, un gran ambiente de cordialidad y de familia, en el que no faltaron las carcajadas, las confrontaciones argumentativas y, de todo ello, un poco más de conocimiento propio y ajeno.

Confía, que algo queda

Tras los ricos postres y las tareas del noble arte del fregoteo, se inicia el diálogo. Los 15 padres interrogan a sus hijos sobre el porqué piensan ellos que sus progenitores no se fían. Los alumnos responden apelando a su responsabilidad y madurez, como principal llave para obtener libertad total a la hora de gestionar su tiempo. ¿Así que todo se reduce a un problema de horarios, sobre todo, nocturnos?, les preguntan los padres. Eso y mucho más, porque ya han demostrado su saber estar, capacidad y educación para ser totalmente autónomos, responden los hijos.

«Sería difícil reproducir todo lo que se dijo aquella noche, pero estuvo muy bien porque tocamos muchos puntos que no siempre hay oportunidad para dialogar juntos. Es bueno que todos ellos vean también lo que pensamos, lo que compartimos los de la clase y lo que nos diferencia», nos comenta David Zapatero, alumno del curso. Las salidas nocturnas, el uso excluyente del móvil, la gestión del tiempo de ocio, la experiencia de los padres, la sociedad competitiva que les espera, respetar los tiempos, la afectividad como muestra de confianza, la independencia y la dependencia… Fue un toma y daca de las múltiples aristas que presenta esta joya de la corona que es la confianza entre padres e hijos.

Como conclusión, los hijos se vieron sorprendidos por el notable grado de conocimiento que tienen sus mayores del mundo que les rodea, y que cuando ellos plantean un viaje de ida sus padres ya lo han recorrido veinte veces de ida y vuelta. También el alto grado que se le concede a la sinceridad en las relaciones familiares y su deseo de respetar la intimidad de sus hijos, siendo conscientes de que ni ellos mismos tienen el derecho a traspasar esa frontera. Los padres, por su parte, pudieron comprobar que sus hijos ya hace tiempo que han dado un paso hacia la etapa adulta y, oyéndoles, pudieron revivir sus 16 años y cómo ellos mismos tienen muchísima más confianza en sus hijos que la que tuvieron con sus respectivos padres. «Los hijos han podido escuchar hoy de un montón de padres algunas cantinelas que solo se las escuchan habitualmente al suyo, y eso les ha hecho reflexionar sobre su conveniencia. No es un piñón fijo de su padre, es un sentir general que recoge el sentido común», nos aclara uno de los adultos más activos en las conversaciones.

Y prueba de que la experiencia no salió tan mal fue que todos ellos siguieron hablando en el coche, de vuelta a casa, y hoy siguen haciéndolo. El próximo trimestre, más.