RAFA MARTÍN DE VICENTE Y LA ALEGRÍA DE LOS QUE NO TIENEN NADA (EN EL CONGO)

Rafa Martín De Vicente es antiguo alumno de Montecastelo y no olvidará nunca este curso escolar, cuando decidió alistarse como voluntario en un orfanato de Congo, donde compagina su labor solidaria con sus estudios de Magisterio. Durante las vacaciones navideñas, ha vuelto a Vigo y ha estado en el colegio relatando sus aventuras africanas, llenas de entrega y falta de medios, pero ilusionantes y agradecidas como pocas. “Es sorprendente la enorme alegría de los que no tienen nada en comparación con los que lo tenemos todo”, apuntó en uno de sus encuentros con los alumnos de bachillerato y de primaria.

En el verano pasado, participó en un campo solidario en el orfanato Kimbondo, próximo a la capital de la República del Congo, Kinsasa, y quedó impactado con lo que allí vivió: “una situación muy dura, de mucha necesidad y de miseria, pero también de alegría, de carreras de niños ilusionados con la vida y por aprender, y una correspondencia al voluntario difícil de entender en nuestra primer mundo”. Se matriculó solo de cuatro asignaturas de su carrera, hizo los bártulos y se decidió a pasar el año escolar en el orfanato. Allí trabaja junto a un grupo de voluntarios de varias nacionalidades. Imparte clases a 51 de los 600 niños que llenan Kimbondo, además de atender clases y sesiones de refuerzo con los niños más necesitados o con discapacidades. Vive con ellos en las instalaciones y, aunque descansa un día a la semana, reconoce que “al final, ves tanta necesidad que te quedas para estar con los chavales”.

Porque quien vive en Kimbondo, si quiere, puede no reservarse nada para sí. Dirige el área de fútbol y rugby del orfanato, imparte sesiones de higiene para evitar enfermedades (sobre todo, el terrible tunga) o cuida a niños dependientes del complejo. “¿Cómo le enseñas a sumar a un sordo? Con creatividad, y sobre todo con mucha paciencia. O a conseguir el milagro de que un niño que no sabía ni andar ahora juegue al fútbol y baile al ritmo de la música. Aquí no hay tiempo libre si te implicas de verdad”, afirma Rafa con una sonrisa en la boca, evocando sus recuerdos.

Todo se debe gracias a la tarea ingente del fundador de Kimbondo, el claretiano y pediatra chileno Hugo Ríos, a quien todos veneran como un hombre santo, y quien aplica sus conocimientos médicos entre sus acogidos. A Rafa le impresiona profundamente la figura de ese religioso, por su ejemplo de entrega y de amor por los demás: “es un hombre increíble, un hombre sereno y alegre que es consciente de que está en manos de Dios y que depende siempre de otros, por eso es tan humilde y recibe tanto. Para mí, es un hombre santo y un ejemplo de cómo la fe mueve montañas si uno se da con alegría”.

Se vuelve a marchar este mes y va a seguir hasta mayo. Desde estas páginas queremos reconocer su buen hacer y su generosidad, y le deseamos lo mejor en este nuevo periodo de voluntariado.

Se puede escuchar la entrevista radiofónica que hicieron los alumnos de la actividad complementaria en el siguiente enlace: ESCUCHAR